Un Adios Para Recordar.

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Un Adios Para Recordar.

Mensaje por Kitara Lombergueth el Mar Jul 02, 2013 7:11 pm

Categoría: Original

Genero: General, Viaje en el tiempo.

Clasificación:  Fiction Rated T (13+)/Fiction Rated M (16+)

Relación: Hetero.

UN ADIOS PARA RECORDAR.
“Un adiós es aquel gesto donde la tristeza y los recuerdos hacen acto de presencia, en donde el destino de una o más personas cambia drásticamente”.

Londres, Abril 09 del 2012. Estación del tren.

—No te pongas triste mi niña—la dulce voz de mi abuela envuelto de un ligero abrazo me calmo— este no es un adiós, sino un hasta luego—le escuche formando en mi rostro una leve sonrisa.

—Abuela, tu no entenderías lo que estoy sintiendo—le dije viendo como el tren se veía en el horizonte alejándose de mí, donde el amor de mi vida se iba para realizar sus sueños.

—Claro que te entiendo—me dice de repente con un deje de nostalgia— el primer amor jamás se olvida, ¿Quieres saber el significado de mis palabras? —me cuestiona al momento que giro a verla y asiento para verle sonreír e invitarme a sentar a uno de las bancas de la gran estación.

—Y bien abuela, ¿Cuál es ese significado? —le cuestione al momento de sentarme a su lado y le veo curiosa como cuando tenía siete años y me sentaba en sus piernas.

—“Hace muchos años atrás— escucho como empieza su relato— me enamore de un hombre llamado William Kordlin, eso fue en el año de 1966 tenía 18 años en aquel entonces dos años menor que tú ahora. — le vi soltar un suspiro—el llego al vecindario a dos casas donde yo vivía, recuerdo que mis amigas siempre lo observaban, siempre elogiaban su belleza, siempre lo buscaban, pero yo no. Recuerdo que un día de primavera, me encontraba en la acera de mi casa en espera de mi mejor amiga Lucy Mcnobler, y fue ahí cuando lo vi por primera vez, el venia hacia a mí con una sonrisa”.

— ¿Qué paso después? — le cuestione intrigada— ¿Se te declaro? —vi esos ojos color miel de mi abuela, esa mirada que siempre reflejaba cada sentimiento.

—“Él me dijo que desde que llego al vecindario, siempre admiraba mi belleza, mi forma de reír, mi forma de caminar hasta mi forma de acomodar mi castaño cabello, el admiraba mi todo. — rio levemente viendo un punto fijo para continuar su relato— Yo a un recuerdo que quede sorprendida, no sabía que decirle o que hacer, jamás en mi corta vida me había topado con un joven tan guapo, tan apasionado al decir las cosas desde el fondo de su ser. El tiempo paso y él se ganó mi corazón, mi confianza, mi todo. — hizo una pausa y sentí su cálida mano sobre una de las mías— todo era perfecto, todo era amor entre nosotros, siempre me regalaba una rosa roja cada que vez que nos veíamos, el era el hombre que había escogido para mi vida”.

—Aun no comprendo lo que tratas de decirme abuela— le confesé un poco apenada y ella simplemente me sonrió.

—“Mi veinteavo cumpleaños estaba cercas, así que él me dijo que ese día me daría una sorpresa— tomo aire y soltó un largo suspiro— ese día me había esmerado a ponerme bella para él, deseaba ese día más que nada en el mundo, estaba feliz, nerviosa, no podía descifrar sentimiento alguno. Las horas pasaban y él no llegaba, ese día fue uno de los días más tristes de mi vida. — el silencio reino unos momentos— Al día siguiente tocaron a mi puerta, era Thomas el hermano mayor de William, en sus manos había una rosa roja, un sobre y un regalo perfectamente envuelto, sin saber el por qué lo invite a pasar. — al girar a ver a mi abuela ella soltó un suspiro nuevamente pero esta vez acompañado de una lagrima que se deslizaba por su mejilla— Nos sentamos en la sala viéndonos fijamente, sin más tome el sobre para leer su contenido”.

“Querida Rosaline:
Sé que te prometí el mejor día de tu vida, sé que tu belleza innata esperaba con ansias el momento de un día magnifico. Pero lo siento, no pude cumplir mi deseo de celebrar tu cumpleaños contigo. Ahora mismo estoy en una cama de hospital agonizando, perdiendo mis fuerzas, sé que debería mandar a alguien a por ti pero, prefiero que me odies en este día a que sepas la cruel verdad y sufras en agonía. Solo quiero que sepas que en estos tres años no fueron en vano. Prométeme que no olvidaras nuestros buenos momentos juntos, prométeme que vivirás cada día como si fuera el último, que encontraras a alguien más para amar y ser amada, prométemelo. Esto no es un adiós mi querida Rosaline, sino un hasta luego porque sé que cuando tu vida se apague tu vendrás a donde yo te estaré esperando, te amo recuerda esto.
Con Amor William Kordlin”.
—Abuela… yo no sabía— le dije después de haber escuchado decir aquella carta de memoria— ¿Qué le paso? — me atreví a contestar.

—“Él había ido al centro de la ciudad por mi regalo junto con su hermano Thomas, el cruzo la calle para llegar al local; pero jamás se fijó que venía un automóvil a toda marcha. Según Thomas él lo vio volar por los aires, corrió hasta él lo cargo como pudo y lo llevo a un hospital. — se quedó callada un momento viendo algo de lo que yo no sabía que era— el en agonía pidió una hoja y una pluma para escribir la carta, le pidió como última voluntad a su hermano entregarme la carta, rosa roja y el regalo que había escogido para mí”.

—Ahora comprendo todo— le dije al escuchar su relato, le limpie sus lágrimas bese su mejilla— ¿Pero jamás te despediste de el? — volví a cuestionar nuevamente.

—“Lo hice, fui a verle ese mismo día en que Thomas me conto todo lo sucedido. Al llegar al hospital Thomas me ayudo a entrar a verlo a un su cuerpo era cálido, había llegado demasiado tarde. — por un momento mi abuela se quedó en transe como si se sumergiera en sus recuerdos— Tome su mano mientras tomaba asiento a su lado, me despedí de él diciéndole que lo amaba y que jamás en la vida me enamoraría igual de alguien más, también recuerdo que entre lágrimas le dije que su recuerdo prevalecería en nuestro hijo o hija— le sorprendí ante tal revelación y ella tomo mi rostro y sonrió— así es, tu padre es el fruto de ese primer amor entre William y yo”.

—Abuela esta historia es para recordar— le dije para abrazarle — ahora sé que esto no es un adiós, sino un hasta luego— me aleje un poco y ella me sonrió limpiando mis lágrimas, giro mi rostro y veo a mi padre caminar con una sonrisa, me levante y corrí a él y lo abrace fuertemente. Dos años más tarde mi abuela murió, pero aun así me dejo ese recuerdo y se lo agradezco infinitamente.

—“Una despedida es aquella que se vuelve un hasta luego, porque siempre el destino une a los predestinados ya sea en vida o en muerte— sonrió levemente una joven Rosaline quien vio a su lado a un joven sonriéndole— ¿Nos es así William?”.

Kitara Lombergueth

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